«Algo habrás hecho tú para que haya pasado, si es que ha pasado esto…»

Nací en la Comunidad de Castilla La Mancha, en Albacete, en 1954. Fui reiteradamente violada, por un vecino, él mayor de edad.

Mi primera violación se produjo cuando yo contaba con la edad de 7 años y de forma reiterada esta violación duró hasta cumplido los diez años. Esto se rompió cuando yo hablé con mi madre y me atreví a contar lo que me estaba sucediendo desde hacía tres años… ¡Increíble la reacción de mi madre!: «Algo habrás hecho tú para que haya pasado, si es que ha pasado esto…». Me sentí sucia, culpable… ¡Lo peor! Y por supuesto silencio sepulcral al respecto hasta que tuve 35 años, que tuve la oportunidad de trabajarlo a nivel terapéutico. Hasta entonces, esto marcó mi vida afectiva de forma patológica, nunca pude quedarme a solas con un chico, que me tocara aunque fuera sin querer me hacía sacar lo peor de mí… En toda esa trayectoria me encontré con personas del sexo contrario que me gustaban, pero yo no era capaz de mantener una relación natural ni cercana. ¡Qué culpa! ¡Qué miedo! ¡Qué repugnancia! ¿Cómo explicar esos hechos? Eso solo le pasaba a las chicas sucias, como lo era yo…

Con el tiempo, pude entender y perdonar a mi madre, y agradecer  al primer hombre con el que mantuve mi primera relación sexual, después de un largo tiempo de relación, que me hiciera sentir seguridad, respeto, cariño y valoración por ser como soy. Mi agradecimiento más profundo también a la terapeuta que me ayudó a elaborar esta pesadilla en mi vida y recobrar mi dignidad como persona y, sobre todo, como mujer.

Ojalá nunca más ninguna niña, ni mujer, tuviera que pasar por esta encrucijada en una sociedad injusta hecha de hombres y para hombres. Por nuestro potencial como mujeres debemos luchar cada día para evitar que estos hechos pasen y se ignoren, se justifiquen y se tapen.

Publicado el 29/06/2012