Cuchillo

Fue de la noche del 31 de Junio al 1, eran las fiestas del orgullo gay, volví a mi casa sobre las 3 am sola porque mi novio de 16 años como yo, no quería acompañarme, él no se imaginaba que esa noche siempre me acordaría de él y no por el amor que le tenía. Como cualquier adolescente me quedé despierta por la tristeza de que mi novio no se portaba bien conmigo pero sin entender que era eso del patriarcado y el machismo. Me dormí en el salón y a las 6 am escuché a mi madre gritar, abrí los ojos y ahí estaba él sujetando a mi madre, un chico de mi edad, marroquí. Yo estaba en shock, nos obligó a meternos en la habitación de mi madre y la obligó a darle algo de comer porque tenía hambre, yo pensé vale ya está nos va a robar y punto, que nos robe lo que quiera y se vaya. Pero no, cuando se fue a la cocina con mi madre vió un cuchillo, maldito cuchillo sin guardar. Lo cogió y con fuerza llevó a mi madre de nuevo a la habitación, con mi tía abuela de 80 y pico años y yo. Mi madre le ofreció dinero pero el cuchillo cumplió su deseo real, violarnos a mi madre y a mí. Primero a ella sin eyacular y después a mí consiguiéndolo, quiso penetrarnos analmente pero iba tan colocado que no lo consiguió, recuerdo el cuchillo en mi garganta y pensar que era mi último día en la tierra, no fue así, pero ya me habían matado por dentro. Se fue, milagrosamente decidió irse y no matarnos, no sin antes amenazarnos con que si decíamos algo nos iba a matar, que a mí me conocía mientras me tiraba mis llaves con desprecio. Nunca he sabido qué relación tenía esta persona con mis allegados y prefiero no saberlo porque no sé si podría mantener mi cordura más tiempo del que llevo, ahora tengo 24 años. No hay día que no me acuerde de ese día sobre todo porque sigo viviendo en la misma casa, porque no se ha hecho justicia y porque este tipo de tragedias en vez de unirte más a la familia y amigos te separan. Llevo en terapia dos años, hasta ese tiempo no era consciente de lo que me había pasado, lo había borrado de mi memoria lo había convertido en algo normal dejándome en un estado irreal de mí misma, como un zombie que no siente ni percibe su alrededor. Gracias a la labor de Cimascam estoy mejor, tengo ganas de vivir y los síntomas, los odiosos síntomas de los que no hablan los medios, paranoias, culpabilidad, alerta constante, insomnio, caída del pelo, problemas de alimentación, de sexualidad, ansiedad incontrolable, etc…van desapareciendo, es un camino realmente duro pero que es necesario andar, y dejar que nos ayuden, sobre todo entre nosotras, porque no estamos solas, y también el acompañamiento de ELLOS en un cambio del pensamiento hacía la mujer y hacía ellos mismos, pero ante todo un cambio ante la sociedad, no somos víctimas ni datos de las noticias, SOMOS PERSONAS Y SOMOS SUPERVIVIENTES.

Publicado el 5/09/2014