Hasta en las mejores familias

El abuso prolongado que sufrí durante seis años inició cuando tenía 13 años, en el 2009.
Mi familia, oriunda de Guanajuato capital, siempre fue (y es) una familia de lo más normal dentro de esta zona; familia tradicional, con «valores» inculcados, de clase media alta y con una fuerte unión familiar. Cuando tenía aproximadamente 7 años llegó a vivir con nosotros un primo de 12 debido a que en su entorno normal (en la frontera norte del país) había comenzado una fuerte ola de violencia… Cabe puntualizar que aún no sé si tengo que afirmar que el abuso inició aquí porque yo hasta la fecha tampoco lo sé, sin embargo, sí recuerdo que él solía meterse al baño mientras yo me bañaba y me quitaba la toalla para verme desnuda (ya en ese entonces me bañaba sin supervisión de mi mamá) y después me decía que eran juegos y que no debía de decirle a nadie.
Pasó el tiempo y esta situación dejó de suceder, desde los 10 años hasta los 13 lo consideré como un gran amigo e incluso ahora lo consideraba mi hermano; mis papás me comenzaron dejar a salir a reunioncitas con el requisito de que él fuera de chaperón… Un día de esos, decidimos que no iríamos a una de las reuniones con mis amigos sino con los suyos. Al llegar a la casa me di cuenta de que había poca gente y él me presentó como su «amiga» (yo siempre aparenté más edad), era un ambiente en el cual las drogas y el alcohol fluían libremente y esa fue la primera vez que me embriagué y me drogué… Resumiendo, al día siguiente desperté desnuda con un gran dolor en mi vagina y ahí estaba él, a un lado de mí fumando marihuana… Sólo me dijo que me vistiera porque mis papás nos estaban buscando… Después de esa ocasión yo lo comencé a evadir, no le conté a nadie lo que estaba pasando; sin embargo, vivir bajo el mismo techo con tu violador es sumamente difícil, comenzamos a hablar nuevamente y reconoció que había abusado de mí y se inventó toda una historia en la que él me decía que había sido porque estaba enamorado de mí aunque sabía que estaba prohibido, y que se sentía muy deprimido y sabía que lo que había hecho estaba mal.
Yo le creí, le dije que lo apoyaría y seguí a su lado… A mis 14/15 años comencé a tener noviazgos formales en los cuales él siempre intervenía y me hacia escenas de celos frente a quien fuera mi pareja; a esa edad yo me asumí como lesbiana y él se molestó demasiado, me manipulaba diciéndome que se suicidaría y que me NECESITABA a su lado. Durante esa época me forzó varias veces más a mantener relaciones sexuales en las que no importaba que yo llorara y dijera que no, aunque quizá me culpo más por aquellas veces que accedí y le di el permiso de violentarme porque él se sentía mal… Para ese entonces, nuestra «relación» llegó a ser más horrible y fue aquí que mis papás lo echaron de la casa debido a que sus adicciones se habían vuelto más fuertes y comenzó a robarles fuertes cantidades de dinero. Con esto creí que el martirio habría terminado, sin embargo, eso no fue así… Me comenzó a seguir a los lugares a los que yo salía con mis amigos o novia (ya tenía 16 años), todos sabían que era mi familiar y no entendían su comportamiento, en este punto él ya había tenido una bebé con una chica y ella fue testigo de los mensajes con connotación sexual y fotos pornográficas que me enviaba por facebook (razón por la que ella terminó con él).
Él se peleó varias veces con mis amigos porque él pensaba que yo mantenía relaciones sexuales con ellos, en otra ocasión en una fiesta en casa de mi abuelo (me quedé a dormir ahí) se metió al cuarto en el que estaba y me metió su pene a la boca… Otras veces cuando mi mamá lo invitaba a la casa (porque ella no sabía lo que había pasado) se metía a mi cuarto o esperaba a que mi mamá se fuera y me besaba en la boca a la fuerza…
Hasta hace como dos años y medio yo no lo catalogaba como abuso sexual porque yo llegué a justificarlo diciendo que antes de que llegara a Guanajuato su vida era muy difícil y que tenía razón de hacerme cosas así… Yo le creí cuando él me decía que era la única persona que lo apoyaba y lo entendía por lo que si no dejaba que me hiciera eso estaba siendo una mala persona y, debo agregar, yo sentía que era mi deber estar para él.
Hace dos años y medio él desapareció debido a que se metió en algo del narcotráfico, cuando ocurrió eso fue la primera vez que tuve la fuerza para contar bien todo lo que había pasado, y la persona a la que se lo conté me hizo pensar que quizá sí había sido abuso (yo lo había normalizado durante todo el tiempo). Busqué ayuda psicológica y posteriormente psiquiátrica y me diagnosticaron con trastorno límite de la personalidad, un cuadro depresivo, ansiedad social y trastorno por estrés postraumático.
Hasta la fecha no sabemos nada de él y a pesar de que quizás lo que le pasó fue algo malo, yo estoy muy agradecida porque si no hubiera sido así no sé donde estaría ahora…
Hoy en día me cuesta relacionarme y en el ámbito sexual aún tengo flashbacks que son seguidos por episodios de ira que a veces no puedo controlar, me intenté suicidar varias veces y sigo luchando contra la auto mutilación y los períodos de depresión/ira/euforia e impulsos.
No se lo he contado a nadie más que a mi novia actual, mi psiquiatra y mi psicóloga y la verdad es que yo creo que jamás se lo contaré a nadie más, ni siquiera a mis papás que siguen cegados (en especial mi mamá) con la imagen de que él era un tipo bueno, educado, con valores sólo que no tenía muy buenas amistades… Ante los ojos de mi familia, a pesar de todo lo que él fue (de lo que saben y no saben), sé que siempre va a salir ganando, aunque ya ni siquiera esté aquí…

Publicado el 19/05/2018