Una noche sin recuerdos

Trabajaba en un bar de copas, tenía 29 años, el dueño era amigo de mi padre, llevaba 3 semanas trabajando, no me gustaba nada ese trabajo pero necesitaba el dinero para pagar la hipoteca ,tenía pareja y estábamos pasando muy mal momento. Mi jefe era latino y se acercaba mucho a mí, a pesar de que le dijera que no lo hiciera, no me agradaba ni el lugar ni el trato por parte de mi jefe, que era latino y no le daba más importancia porque ellos son así de «cariñosos», pero tenía que aguantar para no hacer quedar a mal a mi padre.
Una noche me dirigí a mi trabajo como noches anteriores, a servir copas con una falsa sonrisa, mi jefe arrimándose a mí como de costumbre y yo esquivándole y repitiéndole de nuevo que no hiciera eso. Mi pareja se presentó en el local y el me dijo que no podía estar allí, y cuando se fue empezó a amenazarme con que iba a perder mi trabajo y que había varias personas que querían mi puesto. Continuó metiéndose en mi vida, yo me sentí frustrada y enfadada, y pensé para mí que esa iba a ser mi última noche, porque no iba a aguantar más sus intromisones en mi vida privada ni las amenazas. No dije nada en ese momento porque quería hablar con mi padre antes.

Parecía que la noche había terminado y de repente dijo mi jefe que iba a venir gente más tarde, en ese tiempo decidió ponerme una copa, empezó a llegar gente, me acabé esa copa que me había puesto mi jefe, y seguidamente me sirvió otra, apenas la toqué cuando empecé a notarme torpe, así que la tiré. Estaba sirviendo copas a toda esa gente y de repente me vi sin pantalones, me quedé en shock, no entendía qué había pasado, no entendía nada ,llegué a mi casa sobre las 12 del medio día, sintiéndome culpable porque no recordaba lo que había pasado desde las 4:30 de la mañana. Era evidente lo que había pasado, aunque no lo recordaba ni entendía como había llegado a esa situación, mi pareja no estaba cuando llegué a la casa. Estaba sola, confundida, llorando mares y me estaba dando un ataque de ansiedad,a sí que me tomé un sedante para tranquilizarme. Cuando desperté apenas podía recordar bien lo que había pasado antes, solo antes de salir de su local me pidió que no dijera nada, era nuestro secreto, que nadie tenía por qué enterarse. Cuando mi pareja me preguntó y le conté lo poco que recordaba, me llevó al hospital de inmediato, me había violado. Allí se plantó la policía cuando la médico que me atendió los llamó y comenzó la noche interminable, entre preguntas, exámenes médicos y denuncia en comisaría.

Se cometieron una serie de irregularidades a lo largo del proceso, primero, al juzgado nos citaron el mismo día y a la misma hora, para evitar que nos cruzásemos me mandaron a esperar al piso de abajo, por suerte no me crucé con él por los pelos. La declaración del violador era absurda, la persona de la que el hablaba no era yo, se trataba de alguien diferente, yo no actuaba así, nunca había actuado así, ni siquiera en la adolescencia, y tampoco hablaba de la manera de la que el mencionaba, no daba crédito. Mi abogado dijo desde el principio que todo el proceso fue muy raro, no entendía cómo se pudieron cometer tantos errores, tampoco entendió por qué la vía judicial actuó de la manera que actuó. Por esa razón el culpable está libre como si no hubiera hecho nada, falta de pruebas, su testimonio contra el mío. Me siento desprotegida ante este sistema.

Han pasado casi 3 años de lo ocurrido, de primeras acudí a SAVA para ver a un psicólogo, después de contarle mi experiencia, me preguntó si me había visto el psicólogo forense y como todavía no la había visto, el psicólogo me dijo que empezaríamos después de que me hubiera visto, la mujer andaba con prisas y como no recordaba nada determinó que yo estaba bien. Tal y como transcurrió todo, no quise seguir perdiendo el tiempo y traté de rehacer mi vida como pudiera con la ayuda de mi familia. Sé que no lo he superado, y ardo en rabia cada vez que veo estas injusticias. No creo que vaya a olvidarlo, pero cada día trato de vivir con ello.

Publicado el 19/05/2018