Violada al ir al instituto

Martes 23 de marzo de 1982. 3 y cuarto de la tarde.
Tenía 15 años y fui violada cuando iba de camino al instituto.
Iba andando a buen paso cuando me crucé con un hombre al que no vi la cara. No había nadie más. El aspecto del hombre no era nada sospechoso.
De repente me agarra: con una mano me tapa la boca y con la otra me pone una navaja en el cuello. Me dice al oído en voz baja pero firme: “Haz lo que te digo y no te haré daño. Métete por el callejón”. Me obliga a ir por una calle de tierra y me lleva detrás de las casas hasta un descampado fuera de la vista del paseo. Una vez allí me empuja contra una pared y me dice que le de todo lo que tenga, empezando por las gafas. Como iba al instituto solo llevo un monedero con calderilla. Se lo doy, junto con el reloj y los pendientes. No llevaba nada más de valor. Él me dice que es muy poco y que le de la cazadora y las zapatillas. Yo me las quito y el las coge y las tira al suelo. Entonces me pone la navaja en el cuello y empieza a tocarme un pecho. Me susurra al oído: “Ahora vamos a pasarlo bien, puta. Recuerda que si haces todo lo que te digo te dejaré volver a casa. Si no, te rajo. ¿Lo has entendido zorra?” Jamás olvidaré estas palabras.
No voy a describir los detalles. Me desnudó usando la navaja. Hizo con mi cuerpo todo lo que quiso y le apeteció. Me penetró por la vagina y después usó mis pechos para masturbarse. Yo era virgen.
Cuando acabó me dice que me tumbe boca abajo y cuente hasta cien. Vomito. Recojo mi ropa. Las bragas y el sostén están rotos. Cojo la mochila del instituto y me voy a casa. Giro la llave y me doy cuenta de que el cerrojo está echado, así que no hay nadie. Entro y voy directamente al baño. Vomito bilis. Me desnudo y me meto en la ducha para limpiarme. Estoy bajo el agua un buen rato. Luego me enjabono y me aclaro tres veces. Salgo y me miro en el espejo. Tengo algún moratón y varios rasguños en las nalgas, los muslos y los pechos. Mi cuerpo me da asco. Vuelvo a vomitar. Me lavo los dientes. Me pongo el pijama y vuelvo a mirarme al espejo. Afortunadamente no se ve ninguna señal. Me meto en la cama.
A mi madre le digo que me estoy enferma que algo me ha sentado mal. Ella dice que habré cogido frío que nunca le hago caso. No me creo que no sospeche nada.
No se lo cuento a nadie. Ni a mis hermanas mayores, ni a mis amigas. Me lo tragué y me volví introvertida y poco sociable. Apenas quedaba con mis amigas y evitaba a los chicos. Me sentía culpable porque mis pechos se habían desarrollado bastante grandes. Me encerraba a leer y a estudiar. Eso me salvó. Sacar buenas notas mejoró mi autoestima, y las novelas me ayudaban a evadirme.
Cuando tenía 20 años una amiga mía me invitó a pasar la tarde en su casa junto a otras dos amigas más. Nos dijo que había sido violada, y contó la agresión con detalle. Dijo que eso le ayudaba a superar el trauma. Entonces yo me derrumbé y me eché a llorar. Les conté lo que me había pasado 5 años antes. Cuando acabé, las cuatro nos abrazamos llorando. En ese momento empecé a superar el trauma yo también.
Mi amiga me recomendó ir a una psicóloga a la que iba ella y que le estaba ayudando mucho. Contar mi historia me ayudó a poder vivir mejor. No obstante, no se lo he contado a mi familia, para no hacerles sufrir después de tanto tiempo. Por eso aconsejo a todo el mundo que denuncien el caso y que hablen con sus seres queridos.
Esta página es una magnífica ayuda.

Publicado el 19/05/2018